No me cabe la menor duda de que uno de los momentos más emocionantes de una boda es cuando la novia hace su aparición en la ceremonia. Es el instante en el que todo el nerviosismo de los días previos queda relegado a un segundo plano, y ahora cobra absoluto protagonismo una intensa emoción que hace su aparición en el momento en que la novia se situa delante de la puerta y espera la señal para hacer su entrada.
En esa proximidad que me permite mi trabajo, se nota toda esa emoción a flor de piel, junto con la expectación de los invitados y el nerviosismo del novio (mezcla de asombro y ansiedad) que no puede apartar los ojos de ella. Y así, cuando comienza a sonar la música, ella sabe que éste es su momento, e inicia su paseo ritual hacia el novio, rodeada por unos invitados que la contemplan absolutamente fascinados. Ese breve instante del paseo dura, en realidad, una eternidad en la que cada paso va incrementando la firmeza y confianza de una novia que llega junto a su pareja convertida en una auténtica diosa.