En una boda, a la que entré por curiosidad la semana pasada, había tantas personas cubriendo el reportaje de la ceremonia que el cura acabó casando por error al fotógrafo y al cámara… se les veía muy felices. Los invitados, quizá un tanto confundidos por los dos enormes focos que les impedían ver qué ocurría, no dejaban de preguntar a los padrinos qué cuando les tocaba salir a concursar.
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